martes, 10 de noviembre de 2015

Mi Don y mi perdición.

Ellas llegan solas... No necesito llamarlas, ellas saben bien, cuando necesito de mi sacarlas...
Se disparan de mis dedos, yo no puedo controlarlas, imposible de mi parte, de esta cabeza no escucharlas. Salen justas, necesarias, en su perfecta cantidad, con su perfecto sentido, siempre dignas de admirar.
Pronunciadas por mis labios, te pueden excitar, ten cuidado con leerme, pues te puedes enganchar.
Yo las vivo, las ansío, como al orgasmo que no llega, las disfrutó hasta el fondo, en cada línea de cada letra. Las acaricio con mi lengua, cuál delicia prohibida. Ten cuidado no me tientes, que si quiero te hago mía.
No te miro, no te busco, no me arrimo a tu guarida, no necesito que admitas,  que te mueres de la intriga.
No soy sexy,no soy barbie, no soy modelo ni actriz, pero tengo un don. Mi gran don es escribir.
Mi mirada te cautiva, sé que me puedes sentir. Sin sacarte ni la ropa, yo ya te hice gemir.
Si me lees en la cama, mis palabras te arropan. Si me tienes en tu cama, sabes que la ropa sobra.
Ven aquí que yo te escribo, hasta la prosa más hermosa, con mi lengua en tu íngles,  con tus gritos que me azotan.
Dibujaré un abecedario con tus pechos en mi boca, mas no estires  de mi pelo, que me puedo volver loca.
Y si esa locura a mi llega, atente a consecuencias, que mis dedos en tu templo, escribirán versos humectos.
Ven aquí y solo toca, que con un dedo en tu piel, ya desapareció toda tu ropa.
Mis manos sobre ti, escribirán lo prohibido, más tu néctar en mi boca, sólo aumenta el estallido.
Tu gemido es mi gemido, lame esta curva peligrosa. Si tu quieres lo dejamos, y nos ponemos a otra cosa.
Yo te leo por las noches, un cuento color rosa, mas prefiero tenerte, en mi cama en poca ropa.
Si me lees toda te mojas, mas no puedes evitarlo, mi don escribir, y mi pecado es el sexo desenfrenado.
Tu eliges que de mi quieres, pues lo que pidas lo tendrás.
Pide que a la luz tenue, en tu lienzo pueda todo plasmar.
Con mis dedos escribiré, la historia más hermosa, empezará con risas y terminará con tus piernas flojas.
Mas si tu también quieres, te enseñaré  a escribir. Junta tu cuerpo con el mío, y sólo hazme sentir. Pues yo quiero que tu sientas, todo esto que provocas en mi.
Muévete al ritmo de la música que no suena,  grita, aprieta, muerde, que todo vale la pena.
El éxtasis infinito del placer de tu piel, yo lo amo tanto, como escribir al atardecer.
Y si me dieran a elegir, entre mi don y tu abrigo,  elegiría mil veces, sentir tus gemidos.
Pues tu voz llena de versos esta  loca cabeza, tus gritos en mis oídos, son el contorno de mis letras.
Tú mi musa, la que todo en mi inspira,  la que me vuelve loca, cuando en mi espalda respira.
Contorcionista del colchón,  que tantos gritos escuchó.
Haz de mi lo que tu gustes, yo me entrego a tu prisión.

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